viernes, 22 de abril de 2016

Inteligencia Artificial



La inteligencia artificial ¿Hacia dónde nos lleva?

Cuando  en los años cuarenta se pusieron a funcionar las primeras computadoras (esos roperos de metal, llenos de bulbos) se les llamó “cerebros electrónicos”, ya que podían hacer sumas. Esto hizo imaginar a muchos: “Mañana las máquinas conversarán con nosotros”. Y entonces el cine, los dibujos animados y la televisión se poblaron de robots “inteligentísimos” —aunque de movimientos algo torpes— que acompañaban a los humanos en toda clase de mundos. Mientras los alumnos de cibernética seguían perforando tarjetas, en el cine la computadora HAL se ponía paranoica y tomaba la decisión de asesinar a los astronautas de la película 2001, Odisea del Espacio.

La industria de las computadoras no dejó de evolucionar y, de pronto, aquellos enormes aparatos con grandes cintas de carrete se volvieron pequeños y mucho más fáciles de operar. Un día ya tenían un monitor y un teclado para comunicarnos con sus circuitos. Al día siguiente aparecieron en nuestras casas las computadoras personales y hoy están por todos lados, volviéndose indispensables. Los niños de hoy viven en un mundo que, por lo menos en parte, la ciencia ficción imaginó hace 50 años.

 ¿A nuestra imagen y semejanza?

La palabra robot, acuñada en 1921 por el escritor checo Karel Capek, ya ha dejado de ser sinónimo de androides metálicos que van moviendo sus brazos como tentáculos, mientras avanzan sobre sus rueditas por el planeta de las Amazonas Sicodélicas. Los robots serán parte de nuestra vida cotidiana. Ya comienzan a serlo. En el siglo XX, el ser humano intenta reproducir el antiguo mito de la creación. Así como, según la Biblia, Dios creó a Adán y a Eva para no estar solo, ahora nosotros quisiéramos crear compañeros a nuestra imagen y semejanza.

 ¿Pero, de qué tipo? Que nos sean útiles y podamos interactuar con ellos de una forma cercana, casi natural; por eso se desea poner un cerebro artificial dentro de un cuerpo que imite lo mejor posible al nuestro. Finalmente somos como tristes Gepetos soñando con darle vida a un muñeco de madera para no sentirnos tan solos. Procurando ese sueño, el industrial estadounidense Joe Engelberg construyó un prototipo en los años cincuenta, y en la década siguiente vendió su primer robot útil. Pero realmente los robots dejaron de ser ficción en los años ochenta, cuando brazos gigantes que se movían obedeciendo un programa predeterminado, desplazaron a los obreros en las fábricas automotrices de Japón. Y aunque la robótica tiene el objetivo de poner a las máquinas a trabajar en todas las áreas posibles, esto es caro y complicado.

En los Estados Unidos han logrado crear un modelo que es capaz de caminar, captar el movimiento de una pelota en el aire y cacharla con su mano mecánica. Sin embargo, para ejecutar un movimiento tan sencillo, el costoso robot (que asemeja más a una maraña de alambres y pistones hidráulicos que a un humano) está conectado a varias computadoras que trabajan a su máxima capacidad intentando coordinar lo que detectan los “ojos” (varias cámaras de video) y el movimiento del brazo y la mano. Aunque es cierto que Mike —otro robot acoplado a una lavadora rodante que limpia, pule y abrillanta pisos— es aún tan caro que cuesta menos tener un empleado que lo haga, no siempre será así. Un día, la producción en masa hará a los robots baratos.
Si algunos tendrán una figura semejante a la nuestra, está por verse. Lo que parece más factible es que sus cerebros electrónicos tengan algún grado de inteligencia.

¿Puede la inteligencia ser artificial?

La inteligencia artificial (IA) puede definirse como el medio por el cual las computadoras, los robots y otros dispositivos realizan tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana. Por ejemplo, la resolución de cierto tipo de problemas, la capacidad de discriminar entre distintos objetos o el responder a órdenes verbales. La IA agrupa un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas avanzados de computadora, busca imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y deductivos del cerebro humano. Se basa en la investigación de las redes neuronales humanas y, a partir de ahí, busca copiar electrónicamente el funcionamiento del cerebro.

El avance en la investigación de las redes neuronales va ganando terreno a una velocidad espectacular. Entre sus aplicaciones destaca la poderosa computadora Deep Blue, que puede vencer a cualquier jugador de ajedrez: no sólo tiene gran cantidad de jugadas programadas, sino que aprende de su adversario, por lo que se va volviendo capaz de adelantarse a las decisiones de su enemigo y hundir sus estrategias antes de que prosperen. Esas redes también se han usado en los autos robot, que pueden circular por las autopistas a una velocidad normal con un excelente margen de seguridad, y de hecho han cruzado la Unión Americana de costa a costa sin que el conductor tuviera que tocar el volante o los pedales. Persisten dos problemitas: la cajuela continúa atiborrada de equipo y cuestan un dineral. Pero siguiendo esta línea de avance, es posible que en la próxima década sea común que en la central de autobuses una máquina pregunte al pasajero si desea viajar en un autobús conducido por un humano o guiado por computadora; este último servicio será más seguro y por lo tanto más caro. Se espera que en poco tiempo, imitando el funcionamiento de nuestro cerebro, las computadoras ya no tendrán un gran procesador, sino miles (y más adelante millones) de pequeños procesadores totalmente interconectados entre sí, lo que permitirá la maravillosa capacidad de aprender a través de experiencias recogidas por los “sentidos” de la máquina (cámaras de video, micrófonos, etcétera).

¿Qué podemos esperar en el futuro?

Se han hecho cuantiosas predicciones de lo que la aplicación de las técnicas de IA traería en el futuro; algunas podrían ser realidad en poco tiempo y otras parecen francamente especulativas. Echemos un vistazo: En el terreno de las computadoras personales, la velocidad de un procesador será enorme y no podremos agotar su memoria ni cargando ciclos enteros de cine ruso, que podremos ver doblados al español con una voz idéntica a la de los actores. Serán gobernadas con la voz: “Actívate”. Quizá ya no sean necesarios los monitores; unos anteojos inalámbricos de realidad virtual nos mostrarán cómo va quedando nuestro texto.

Los teclados también serán tan obsoletos como ahora lo son las tarjetas con hoyitos; en vez de teclear, quizá podremos plasmar palabras en la memoria de la computadora con sólo imaginarlas, gracias a una discreta placa (chip) adherida a nuestra frente. Una voz agradable nos dirá al oído que hemos cometido un error de sintaxis y nos proporcionará, si lo deseamos, una lista de posibles soluciones. En lugar de usar el “ratón”, podremos manipular el texto (o el dibujo, o lo que sea) con el movimiento de nuestros ojos, que será detectado por un inofensivo rayo láser.

La red Internet, que llegará a nuestra casa a través del cableado óptico, transportará inmensas cantidades de información que serán cargadas en nuestra computadora en décimas de segundo. Las imágenes aparecerán instantáneamente y nos reiremos de la época en que una pá- gina tardaba hasta 10 minutos en “bajar”. Por medio de la red podremos acceder a cualquier programa de televisión o radio que se transmita en cualquier parte del mundo, con una traducción impecable, o guardarlo en la memoria de la máquina si deseamos verlo más tarde, como si fuera una videocasetera. Pero si algún amigo se perdió de ese programa, se lo enviaremos a su terminal en segundos.

Los estudiantes tendrán cada vez más clases virtuales en las que accederán directamente a los bancos de información de la universidad y se comunicarán con sus maestros sólo para resolver dudas o exámenes. Pronto los robots comenzarán a desplazar al personal que nos atiende detrás de las ventanillas. Una máquina podrá perfectamente cambiarnos un cheque y resolver de manera satisfactoria las dudas sobre nuestro estado de cuenta. El cajero automático del cine recibirá nuestro dinero (o una tarjeta) para darnos a cambio entradas para la película en el horario que le indiquemos. Y así será en los aeropuertos, las estaciones de ferrocarril y en todas partes donde ahora hay ventanillas ocultando a empleados que aguardan impacientes la hora de salida. Es muy probable que la economía cambie. Quedarán en el pasado los tipos de traje peleándose a gritos en las casas de bolsa.

Las computadoras, conectadas en red a los indicadores bursátiles de todo el mundo, moverán los capitales de un lugar a otro, sin que sea necesaria la voluntad humana, obedeciendo tan sólo a agresivos programas que beneficiarán a los dueños del dinero, sin importar si una nación se hunde en una pavorosa crisis en algunos instantes.
 Los edificios “inteligentes” serán comunes. Al llegar a casa la puerta se abrirá con el sonido de nuestra voz. Sensores dispuestos en cada rincón encenderán la luz de la habitación a la que entremos y dejarán a oscuras la que ha quedado sola, ahorrando electricidad. La temperatura también será regulada por la computadora central para ofrecernos un clima privado a nuestro gusto. Verbalmente activaremos la televisión, el aparato de sonido o cualquier otro electrodoméstico conectado a nuestra ama de llaves cibernética. Por las mañanas, el desayuno que dejamos en el microondas comenzará a prepararse; en la radio la estación de nuestra preferencia nos despertará mientras el calentador se ajusta para que nos demos una ducha deliciosa.  Al salir podremos estar tranquilos porque la casa estará capacitada para detectar a posibles intrusos y, en caso dado, la alarma se activará a la más mínima insinuación de peligro, dando aviso a los cuerpos de seguridad. Si llega a haber una guerra global, ésta podría ser nombrada por los medios como “The Robot War”, en la que los pilotos controlarían por realidad virtual pequeños y mortíferos aviones, helicópteros y tanques a cientos de kilómetros del campo de batalla sin arriesgar un solo cabello. Es muy probable que en pocos años, robots cirujanos realicen complejas inter venciones utilizando el instrumental quirúrgico con la precisión de una impresora. Algún día, el Sojourner, el robot que exploró Marte, será una caja de zapatos comparada con los que llegarán a ese planeta, no para posar un espectrómetro sobre las piedras, sino para construir los centros urbanos de los primeros colonizadores.

La última frontera serán los robots biológicos autorreplicantes que poblarán en nuestro nombre otros sistemas solares hasta hacerlos habitables para nuestra especie. ¿Y la gente? Al parecer la inteligencia artificial promete un mundo fantástico, pero ¿realmente lo será? ¿Qué pasará, por ejemplo, con la enorme cantidad de seres humanos que no tienen acceso a la educación ni a la tecnología?, ¿qué pasara con las relaciones humanas y con la economía, con la enorme brecha entre ricos y pobres, entre desarrollo y subdesarrollo? No sabemos a ciencia cierta cuál será el futuro de la humanidad, pero sí sabemos que indudablemente cambiarán las relaciones de producción y quizá de comunicación. Es altamente probable, por ejemplo, que se agrave aún más el problema del desempleo; que se transformen radicalmente los conceptos de ocio y tiempo libre; que cambien las relaciones laborales entre patrones y trabajadores; que haya una revolución aún mayor en cuanto al acceso a la información y que se agudicen las diferencias entre países hacedores de tecnología y de aquellos históricamente dependientes.

Es casi seguro que la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico subsecuente estarán al servicio de una minoría. Si por el contrario, el desarrollo tecnológico –y específicamente la inteligencia artificial— se utiliza para lograr que todos en este planeta logremos un mejor nivel de vida en estricta relación con el medio ambiente, tal artificio será realmente inteligente.

Bibliografia
La inteligencia artificial ¿a dónde nos lleva?                                                      URL http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/2/la-inteligencia-artificial-hacia-donde-nos-lleva.pdf            Consultado en abril 2016






Inteligencia Artificial


La inteligencia artificial ¿Hacia dónde nos lleva?

Cuando  en los años cuarenta se pusieron a funcionar las primeras computadoras (esos roperos de metal, llenos de bulbos) se les llamó “cerebros electrónicos”, ya que podían hacer sumas. Esto hizo imaginar a muchos: “Mañana las máquinas conversarán con nosotros”. Y entonces el cine, los dibujos animados y la televisión se poblaron de robots “inteligentísimos” —aunque de movimientos algo torpes— que acompañaban a los humanos en toda clase de mundos. Mientras los alumnos de cibernética seguían perforando tarjetas, en el cine la computadora HAL se ponía paranoica y tomaba la decisión de asesinar a los astronautas de la película 2001, Odisea del Espacio.

La industria de las computadoras no dejó de evolucionar y, de pronto, aquellos enormes aparatos con grandes cintas de carrete se volvieron pequeños y mucho más fáciles de operar. Un día ya tenían un monitor y un teclado para comunicarnos con sus circuitos. Al día siguiente aparecieron en nuestras casas las computadoras personales y hoy están por todos lados, volviéndose indispensables. Los niños de hoy viven en un mundo que, por lo menos en parte, la ciencia ficción imaginó hace 50 años.

 ¿A nuestra imagen y semejanza?

La palabra robot, acuñada en 1921 por el escritor checo Karel Capek, ya ha dejado de ser sinónimo de androides metálicos que van moviendo sus brazos como tentáculos, mientras avanzan sobre sus rueditas por el planeta de las Amazonas Sicodélicas. Los robots serán parte de nuestra vida cotidiana. Ya comienzan a serlo. En el siglo XX, el ser humano intenta reproducir el antiguo mito de la creación. Así como, según la Biblia, Dios creó a Adán y a Eva para no estar solo, ahora nosotros quisiéramos crear compañeros a nuestra imagen y semejanza.

 ¿Pero, de qué tipo? Que nos sean útiles y podamos interactuar con ellos de una forma cercana, casi natural; por eso se desea poner un cerebro artificial dentro de un cuerpo que imite lo mejor posible al nuestro. Finalmente somos como tristes Gepetos soñando con darle vida a un muñeco de madera para no sentirnos tan solos. Procurando ese sueño, el industrial estadounidense Joe Engelberg construyó un prototipo en los años cincuenta, y en la década siguiente vendió su primer robot útil. Pero realmente los robots dejaron de ser ficción en los años ochenta, cuando brazos gigantes que se movían obedeciendo un programa predeterminado, desplazaron a los obreros en las fábricas automotrices de Japón. Y aunque la robótica tiene el objetivo de poner a las máquinas a trabajar en todas las áreas posibles, esto es caro y complicado.

En los Estados Unidos han logrado crear un modelo que es capaz de caminar, captar el movimiento de una pelota en el aire y cacharla con su mano mecánica. Sin embargo, para ejecutar un movimiento tan sencillo, el costoso robot (que asemeja más a una maraña de alambres y pistones hidráulicos que a un humano) está conectado a varias computadoras que trabajan a su máxima capacidad intentando coordinar lo que detectan los “ojos” (varias cámaras de video) y el movimiento del brazo y la mano. Aunque es cierto que Mike —otro robot acoplado a una lavadora rodante que limpia, pule y abrillanta pisos— es aún tan caro que cuesta menos tener un empleado que lo haga, no siempre será así. Un día, la producción en masa hará a los robots baratos.
Si algunos tendrán una figura semejante a la nuestra, está por verse. Lo que parece más factible es que sus cerebros electrónicos tengan algún grado de inteligencia.

¿Puede la inteligencia ser artificial?

La inteligencia artificial (IA) puede definirse como el medio por el cual las computadoras, los robots y otros dispositivos realizan tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana. Por ejemplo, la resolución de cierto tipo de problemas, la capacidad de discriminar entre distintos objetos o el responder a órdenes verbales. La IA agrupa un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas avanzados de computadora, busca imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y deductivos del cerebro humano. Se basa en la investigación de las redes neuronales humanas y, a partir de ahí, busca copiar electrónicamente el funcionamiento del cerebro.

El avance en la investigación de las redes neuronales va ganando terreno a una velocidad espectacular. Entre sus aplicaciones destaca la poderosa computadora Deep Blue, que puede vencer a cualquier jugador de ajedrez: no sólo tiene gran cantidad de jugadas programadas, sino que aprende de su adversario, por lo que se va volviendo capaz de adelantarse a las decisiones de su enemigo y hundir sus estrategias antes de que prosperen. Esas redes también se han usado en los autos robot, que pueden circular por las autopistas a una velocidad normal con un excelente margen de seguridad, y de hecho han cruzado la Unión Americana de costa a costa sin que el conductor tuviera que tocar el volante o los pedales. Persisten dos problemitas: la cajuela continúa atiborrada de equipo y cuestan un dineral. Pero siguiendo esta línea de avance, es posible que en la próxima década sea común que en la central de autobuses una máquina pregunte al pasajero si desea viajar en un autobús conducido por un humano o guiado por computadora; este último servicio será más seguro y por lo tanto más caro. Se espera que en poco tiempo, imitando el funcionamiento de nuestro cerebro, las computadoras ya no tendrán un gran procesador, sino miles (y más adelante millones) de pequeños procesadores totalmente interconectados entre sí, lo que permitirá la maravillosa capacidad de aprender a través de experiencias recogidas por los “sentidos” de la máquina (cámaras de video, micrófonos, etcétera).

¿Qué podemos esperar en el futuro?

Se han hecho cuantiosas predicciones de lo que la aplicación de las técnicas de IA traería en el futuro; algunas podrían ser realidad en poco tiempo y otras parecen francamente especulativas. Echemos un vistazo: En el terreno de las computadoras personales, la velocidad de un procesador será enorme y no podremos agotar su memoria ni cargando ciclos enteros de cine ruso, que podremos ver doblados al español con una voz idéntica a la de los actores. Serán gobernadas con la voz: “Actívate”. Quizá ya no sean necesarios los monitores; unos anteojos inalámbricos de realidad virtual nos mostrarán cómo va quedando nuestro texto.

Los teclados también serán tan obsoletos como ahora lo son las tarjetas con hoyitos; en vez de teclear, quizá podremos plasmar palabras en la memoria de la computadora con sólo imaginarlas, gracias a una discreta placa (chip) adherida a nuestra frente. Una voz agradable nos dirá al oído que hemos cometido un error de sintaxis y nos proporcionará, si lo deseamos, una lista de posibles soluciones. En lugar de usar el “ratón”, podremos manipular el texto (o el dibujo, o lo que sea) con el movimiento de nuestros ojos, que será detectado por un inofensivo rayo láser.

La red Internet, que llegará a nuestra casa a través del cableado óptico, transportará inmensas cantidades de información que serán cargadas en nuestra computadora en décimas de segundo. Las imágenes aparecerán instantáneamente y nos reiremos de la época en que una pá- gina tardaba hasta 10 minutos en “bajar”. Por medio de la red podremos acceder a cualquier programa de televisión o radio que se transmita en cualquier parte del mundo, con una traducción impecable, o guardarlo en la memoria de la máquina si deseamos verlo más tarde, como si fuera una videocasetera. Pero si algún amigo se perdió de ese programa, se lo enviaremos a su terminal en segundos.

Los estudiantes tendrán cada vez más clases virtuales en las que accederán directamente a los bancos de información de la universidad y se comunicarán con sus maestros sólo para resolver dudas o exámenes. Pronto los robots comenzarán a desplazar al personal que nos atiende detrás de las ventanillas. Una máquina podrá perfectamente cambiarnos un cheque y resolver de manera satisfactoria las dudas sobre nuestro estado de cuenta. El cajero automático del cine recibirá nuestro dinero (o una tarjeta) para darnos a cambio entradas para la película en el horario que le indiquemos. Y así será en los aeropuertos, las estaciones de ferrocarril y en todas partes donde ahora hay ventanillas ocultando a empleados que aguardan impacientes la hora de salida. Es muy probable que la economía cambie. Quedarán en el pasado los tipos de traje peleándose a gritos en las casas de bolsa.

Las computadoras, conectadas en red a los indicadores bursátiles de todo el mundo, moverán los capitales de un lugar a otro, sin que sea necesaria la voluntad humana, obedeciendo tan sólo a agresivos programas que beneficiarán a los dueños del dinero, sin importar si una nación se hunde en una pavorosa crisis en algunos instantes.
 Los edificios “inteligentes” serán comunes. Al llegar a casa la puerta se abrirá con el sonido de nuestra voz. Sensores dispuestos en cada rincón encenderán la luz de la habitación a la que entremos y dejarán a oscuras la que ha quedado sola, ahorrando electricidad. La temperatura también será regulada por la computadora central para ofrecernos un clima privado a nuestro gusto. Verbalmente activaremos la televisión, el aparato de sonido o cualquier otro electrodoméstico conectado a nuestra ama de llaves cibernética. Por las mañanas, el desayuno que dejamos en el microondas comenzará a prepararse; en la radio la estación de nuestra preferencia nos despertará mientras el calentador se ajusta para que nos demos una ducha deliciosa.  Al salir podremos estar tranquilos porque la casa estará capacitada para detectar a posibles intrusos y, en caso dado, la alarma se activará a la más mínima insinuación de peligro, dando aviso a los cuerpos de seguridad. Si llega a haber una guerra global, ésta podría ser nombrada por los medios como “The Robot War”, en la que los pilotos controlarían por realidad virtual pequeños y mortíferos aviones, helicópteros y tanques a cientos de kilómetros del campo de batalla sin arriesgar un solo cabello. Es muy probable que en pocos años, robots cirujanos realicen complejas inter venciones utilizando el instrumental quirúrgico con la precisión de una impresora. Algún día, el Sojourner, el robot que exploró Marte, será una caja de zapatos comparada con los que llegarán a ese planeta, no para posar un espectrómetro sobre las piedras, sino para construir los centros urbanos de los primeros colonizadores.

La última frontera serán los robots biológicos autorreplicantes que poblarán en nuestro nombre otros sistemas solares hasta hacerlos habitables para nuestra especie. ¿Y la gente? Al parecer la inteligencia artificial promete un mundo fantástico, pero ¿realmente lo será? ¿Qué pasará, por ejemplo, con la enorme cantidad de seres humanos que no tienen acceso a la educación ni a la tecnología?, ¿qué pasara con las relaciones humanas y con la economía, con la enorme brecha entre ricos y pobres, entre desarrollo y subdesarrollo? No sabemos a ciencia cierta cuál será el futuro de la humanidad, pero sí sabemos que indudablemente cambiarán las relaciones de producción y quizá de comunicación. Es altamente probable, por ejemplo, que se agrave aún más el problema del desempleo; que se transformen radicalmente los conceptos de ocio y tiempo libre; que cambien las relaciones laborales entre patrones y trabajadores; que haya una revolución aún mayor en cuanto al acceso a la información y que se agudicen las diferencias entre países hacedores de tecnología y de aquellos históricamente dependientes.

Es casi seguro que la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico subsecuente estarán al servicio de una minoría. Si por el contrario, el desarrollo tecnológico –y específicamente la inteligencia artificial— se utiliza para lograr que todos en este planeta logremos un mejor nivel de vida en estricta relación con el medio ambiente, tal artificio será realmente inteligente.

Bibliografia
La inteligencia artificial ¿a dónde nos lleva?                                                      URL http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/2/la-inteligencia-artificial-hacia-donde-nos-lleva.pdf            Consultado en abril 2016




lunes, 18 de abril de 2016

Globalización: la otra cara de la moneda

Globalización: la otra cara de la moneda
Globalization: the other side of coin
José Abraham Hernández Benítez
Aspirante UnADM
Fecha de realización: 16 de abril del año 2016

Resumen: La apertura al flujo ya sea comercial o cultural de otros continentes, ha dado el paso a la prosperidad y a otros conocimientos, pero también a otros males. Desde tiempos antiguos el hombre se rehusó  a ser  estático, sabía dentro de él que esto podría ocasionarle problemas. Fue en busca de nuevos horizontes y se aventuró sin saber a lo que se enfrentaba. Ya sea por ambición, supervivencia o sólo el deseo de descubrir que había más allá del límite, el hombre se ha abierto camino  a lo largo de la historia, para socializar, comercializar y extender sus dominios, hoy a este fenómeno lo conocemos como globalización. No sólo es intercambio cultural, social, económico y religioso, también se intercambian enfermedades.


Abstract: The opening to flow either commercially or culturally from other continents, he has given way to prosperity and knowledge to others, but also to other evils. Since ancient time’s man refused to be static, he knew inside that this could cause problems. It was in search of new horizons and ventured without knowing what he was facing. Either by ambition, survival or just the desire to discover what lay beyond the limit, man has made its way throughout history, to socialize, to market and expand their domains, today this phenomenon known as globalization. It is not only cultural, social, economic and religious exchanges, diseases are also exchanged.


Palabras claves: comercial, cultural, enfermedad.


Keywords: commercial, cultural, Disease.






Introducción

¿Globalización o mundialización? Unos se oponen a la primera palabra, otros apuestan por la segunda aunque ésta carezca de un amplio concepto y aún se sigue con el debate. Lo importante  de ésta no es lo que pueda significar literalmente, si no, lo que representa en la actualidad. Nunca antes se había escuchado hablar tanto de la susodicha, se puede decir que es un neologismo acuñado para poder encerrar una lista enorme de significados y comprimida en una sola frase. Algunos piensan que el fenómeno  de la globalización es algo reciente, tal vez el término si lo es, ya que éste se comienza a utilizar a finales de la década de los sesenta, pero en realidad tiene exactamente cinco siglos(Ferrer,1996).  
Invito a mirar  hacia el pasado, para  así darnos cuenta  de cómo ha ido evolucionando este fenómeno.

1.    Movimiento de gente en la historia

De lo que va de la historia hasta hoy, fueron  las conquistas militares, la búsqueda de nuevas rutas comerciales y los peregrinajes religiosos, que dieron paso a un nuevo tipo de vida que aún  cuesta trabajo adaptarse. Por una parte se ve a una Roma ambiciosa, presta a mostrar su poder en otras partes del mundo, haciéndose ama y señora de éstas, no solo el deseo de conquistar otras regiones del globo terráqueo impulsaba a la ciudad de Rómulo y Remo, también en el ámbito comercial, veía como algo imperdible la oportunidad de expandir sus riquezas. Por el otro lado, países en etapa de crecimiento como España y Portugal vieron como algo bueno la aventura de poder descubrir nuevos mundos y caminos de comercio, una quería expandir las buenas nuevas de su cristianismo, la otra ser la número uno en la venta de esclavos. Vemos que su osadía les rindió frutos, una era la madre la otra era comadre de una América en plena infancia. Si bien es cierto que todo lo anterior trajo consigo gozo o tristeza, vemos que también abrió una puerta hacia lo desconocido tanto como para el descubierto, como para el conquistador, para el primero, debería adaptarse a una vida dura y difícil,  llena de interrogantes. Para el segundo, el misterio de poder sobrevivir en una tierra adoptada a la fuerza.

 No está de más voltear a ver a los perseguidos por cuestiones religiosas, algunos huían del Islam que  a fuerza de espada quería convertirlos (sin demeritar  al cristianismo romano, que también utilizó este método en sus evangelizaciones). Muchos de estos, en la primera oportunidad que tenían, se embarcaban a otras partes del mundo, con la esperanza de poder encontrar una tierra libre y de oportunidades.

2.    Movimiento de gente en la actualidad

Hoy  en día basta con encender el televisor, o la radio para ver o escuchar las primeras noticias del momento, y casi todas tratan del tema de la migración, sin mencionar las que salen en el internet, que es hasta hoy, una herramienta de gran valor que da voz a la sociedad.

Ya no se habla de conquistas territoriales abiertamente como en los tiempos de antaño que se mandaban expediciones a los lugares que se pretendían conquistar, la historia ha enseñado que cuestan mucho trabajo y se quiere evitar la fatiga, pero si se ve a los grandes imperios luchar entre ellos sutilmente para ver quien obtiene más beneficios y mientras ellos lo hacen, miles de gentes buscan la manera de sobrevivir, y la única salida es; huir de su nación para ir en busca de una mejor vida, sin tocar el tema de los refugiados de Siria, que todavía en estos tiempos, son perseguidos por cuestiones religiosas y otras más.

Enfermedades importadas

El término globalización no sólo debe  aplicar a los ámbitos antes mencionados al parecer, hay más cuestiones que hacen  que esta palabra se acentúe sílaba por sílaba  cada vez con mayor fuerza. Por ejemplo, las enfermedades como: la viruela, el sarampión, la influenza, la peste bubónica, la difteria, el tifus, la escarlatina, la varicela, la fiebre amarilla y la tos convulsiva traídas por los europeos a América Latina, que ocasionaron el exterminio  de la mayor parte de la población nativa (Ferrer, 1996). Sin hablar de las pestes recientes como: el ébola, la malaria y el VIH/SIDA, que son sólo una muestra de muchas que aún faltan por aparecer, enfermedades que se vislumbraban a los lejos, que gracias a la globalización, hoy son transferibles y aceptan cualquier tipo de cambio monetario, cualquiera las puede obtener, es más; son gratis.

El ser humano cada día está más expuesto a contagiarse de cualquier peste desde la comodidad de su hogar gracias a la mundialización; puede contraer afecciones que antes  se daban  únicamente en un país. La apertura del mercado en otras regiones del mundo respecto a lo industrial, ha hecho que el hombre sea vulnerable a padecer cualquier tipo de malestar desde una  simple gripa hasta una fiebre amarilla, nadie garantiza que la mano de obra en otros lugares del mundo, esté libre de afecciones. Así como se intercambian conocimientos, cultura, religión y manufactura entre varios países,  lo mismo pasa con las enfermedades.


Conclusión
            Visto lo anterior, se puede decir que al hablar de la muy resonada frase  ‘globalización’, no se debe alienar lo económico, lo político, lo religioso y  lo cultural con lo referente a la salud, es verdad que ésta puede traer bienestar o prosperidad en estos ámbitos pero se debe aceptar el término con todo y lo que conlleve.


Reflexión:
He utilizado este tema no porque tenga mucho conocimiento de éste, si no todo lo contrario, quiero saber más,  este tema es extenso y creo que hay bastante material en el internet y en otros medios que puede abrir más el panorama. Pienso que a veces se hace a un lado las consecuencias en la salud del ser humano  que puede traer la mundialización, aclaro con esto que no soy xenofóbico, ¡Dios me libre!



Bibliografía

América Latina y la globalización   URL: http://www.cepal.org/publicaciones/xml/9/19379/ferer.htm Consultado en abril de 2016.


5 enfermedades mas mortales que el ebola                                                                    URL:

Globalización, Mundialización Aspectos económicos, políticos, culturales y religiosos URL:http://www.javeriana.edu.co/puj/rectoria/publicaciones/Documentos/Calvez-Globaliz-3.pdf Consultado en abril de 2016





¿Qué es ser un estudiante en línea?

Universidad Abierta y a Distancia de México

Etapa 4: Curso propedéutico

Aspirante: José Abraham Hernández Benítez

Actividad 3 (Eje 1): Resumen “¿Qué es ser un estudiante en línea?”

Fecha de realización: 18 de marzo del añ0 2016



¿Qué es ser un estudiante en línea?

El uso de las Tecnologías de la Informática y la Comunicación (TIC), que forman parte de una transformación socio-histórico-cultural en la que vivimos hoy en día, han ayudado a extender  el conocimiento humano a la velocidad de la luz a lo largo y ancho del planeta, es aquí en donde las modalidades educativas se transforman y de donde emerge la modalidad de estudios en línea.

En esta lectura se abordará la participación del estudiante en línea, que, se distingue por aprender de manera independiente en un entorno educativo.

Un aspecto relacionado a lo anterior es el dinamismo y elaboración en la participación que desarrolla el estudiante en línea frente al estudiante  presencial que bien puede mantenerse escuchando sin la intención de hacer una intervención (ante la posibilidad de pasar inadvertido), en cambio en la modalidad en línea existen recursos tecnológicos que generan registros para que el docente o la figura académica correspondiente identifique si el estudiante participa o no, lo cual puede promover un desarrollo significativo de el sentido de la autocrítica del estudiante en la dinámica grupal.

En un segundo plano el estudiante en línea interactúa de manera asincrónica con el docente en línea (al cual también puede denominarse Asesor, Tutor, Guía, entre otros) y con los compañeros de curso, en otras palabras cada estudiante en línea podrá interactuar con sus pares y docente pero no necesariamente de manera simultánea, sino que cada uno lo hace a su propio ritmo y de acuerdo con sus posibilidades y disposición en diferentes momentos.

Recomendaciones Interpersonales para el estudiante en línea

Como parte de un aprendizaje en el manejo de las emociones resultan útiles las siguientes recomendaciones;

Identificar e interpretar nuestras emociones y reconocer el efecto que tienen en nosotros mismos y en los demás.

Identificar, comprender y responder ante las circunstancias, para atender y entender a los demás.

Retos para el estudiante en línea

Adoptar una actitud crítica y creativa de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y participar activamente durante su formación académica.

Adaptarse al trabajo en un entorno cambiante, valiéndose de la creatividad, la comunicación, la colaboración y la resolución de problemas.

Optimizar la comunicación escrita, prácticamente es el recurso más sólido para expresarse en la modalidad en línea, por lo que se deberá optimizar el uso de la gramática, sintaxis y semántica.

Para finalizar, el ser un estudiante en línea implica ciertos saberes, actitudes, retos, exigencias, ventajas y compromisos, pero sobre todo la disposición de aprender, la educación en línea no tiene porque concebirse como fácil o difícil, el estudiante en línea tiene ante sí la oportunidad de marcar su propio ritmo de aprendizaje y de trazar sus horizontes de estudio de acuerdo con sus metas académicas.

Fuente de información: López, Meza, R. D. (2016)